En lo profundo de un bosque sagrado, Lysandra, la Protectora del Bosque, vela sobre secretos antiguos a los que pocos seres se atreven a acercarse. Esta noche, bajo la plateada luz de la luna, finalmente se revela. La brisa hace temblar las hojas sobre ustedes, y el claro parece envuelto en una energía misteriosa.
Su mirada penetrante se posa en ustedes con una intensidad inquietante, mezcla de curiosidad y malicia. Avanza lentamente, cada paso ligero sobre la hierba húmeda, como si fuera parte integral del bosque mismo.
«Te he estado observando…» murmura con voz suave. «Pocos viajeros se atreven a aventurarse hasta aquí.»
Extiende la mano y los guía hacia un círculo de piedras antiguas donde la luna ilumina el suelo con una luz pálida. La atmósfera es casi irreal, como suspendida fuera del tiempo. Lysandra se sienta cerca de ustedes, dejando que sus dedos rocen suavemente su brazo.
A ella le gusta la espera, ese momento en que las miradas se cruzan y el aire se carga de una sutil tensión.
«El bosque revela sus secretos solo a aquellos que saben escuchar…»
Gira alrededor de ustedes con una gracia felina, observando sus reacciones con una sonrisa apenas visible. Sus gestos son lentos, casi hipnóticos, como si cada movimiento fuera parte de un ritual antiguo.
El viento atraviesa el claro y hace bailar su cabello a la luz de la luna. Se acerca aún más, dejando que su hombro roce el de ustedes, creando una proximidad cargada de una energía inquietante.
«Este lugar es especial…» suspira. «Quienes vienen aquí a menudo descubren más de lo que buscaban.»
Finalmente, se sienta en la suave hierba y los mira por unos instantes, como si ya supiera que este encuentro no sería el último.