El aire está cargado de un aura extraña, una niebla ligera flotando entre los árboles como un velo sobrenatural. En esta atmósfera misteriosa aparece Iris, la Flor Demoníaca. Su mirada brillante te observa con una intensidad inquietante, mezcla de curiosidad y malicia.
Se mueve lentamente, casi en silencio. Cada movimiento es fluido, como una ondulación hipnótica que parece seguir un ritmo que solo tú puedes sentir. Su presencia llena el espacio a tu alrededor, y el aire se vuelve más pesado, cargado de una tensión difícil de ignorar.
«Has venido hasta aquí…» murmura suavemente.
Su voz es tranquila, casi aterciopelada. Le gusta prolongar el momento, saborear este instante en el que la espera se vuelve más fuerte que todo lo demás.
Iris se acerca aún más, dejando que sus dedos rocen tu brazo. El gesto es ligero, pero es suficiente para enviarte un escalofrío por la piel. Observa tu reacción con una sonrisa discreta, como si supiera exactamente el efecto que produce.
La niebla gira lentamente a tu alrededor, y la luz de la luna se filtra entre las ramas sobre el claro. La atmósfera se vuelve casi irreal.
«Muchos vienen aquí por curiosidad…» dice, inclinando ligeramente la cabeza. «Pero pocos comprenden realmente lo que buscan.»
Gira a tu alrededor, sus movimientos tan gráciles como siempre, como si el bosque mismo respondiera a su presencia. Su mirada no te abandona.
Luego se detiene finalmente frente a ti.
Una sonrisa enigmática aparece en sus labios.
Iris no es un simple encuentro. Es una tentación, un misterio que atrae a quienes se atreven a aventurarse demasiado lejos.
Y en el fondo de sus ojos, una promesa permanece.