La noche cae sobre el bosque, densa y silenciosa, donde solo la fría luz de la luna atraviesa las ramas. El viento se desliza entre los árboles, llevando consigo un escalofrío primitivo. Avanzas rápidamente, el corazón latiéndote demasiado fuerte, como si cada paso te acercara a una presencia invisible.
Y sin embargo, ya lo sabes.
No estás solo.
Un grave gruñido resuena detrás de ti. Algo se mueve en la sombra, poderoso, silencioso, determinado. Una silueta masiva se recorta lentamente entre los troncos: Lycarn, el Alfa Salvaje.
Su presencia impone respeto de inmediato. Su constitución es imponente, su mirada arde con una intensidad animal, y cada uno de sus movimientos parece guiado por un instinto ancestral. Cuando fija su presa, nunca aparta la vista.
De repente, sientes su presencia justo detrás de ti.
Una mano poderosa te agarra y te inmoviliza contra el suelo del bosque. El calor de su cuerpo se acerca, dominante, aplastante. Su aliento cálido roza tu nuca mientras su peso te mantiene en tu lugar. Imposible huir ahora.
Pero en este abrazo salvaje, algo cambia.
Ya no es solo una cacería.
Es un enfrentamiento de voluntades, un momento suspendido entre el desafío y el abandono. Lycarn no habla, pero todo en su postura expresa lo mismo: él es el Alfa, y lo sabe.
El bosque parece contener la respiración a tu alrededor. Las ramas crujen suavemente bajo el viento nocturno, las sombras se mueven lentamente alrededor del claro.
Lycarn aprieta su agarre por un instante, luego se endereza ligeramente, observando a su presa con una calma satisfacción. La tensión disminuye lentamente, pero la intensidad del encuentro permanece grabada en el aire frío de la noche.
Finalmente, se da la vuelta, desapareciendo casi de inmediato en la oscuridad entre los árboles.
Pero una cosa es segura.
La próxima vez que escuches un gruñido en el corazón del bosque…
sabrás exactamente quién te observa desde las sombras.