La llanura es barrida por una brisa rápida cargada con el olor de la hierba cálida y un cielo a punto de estallar. A lo lejos, un relámpago atraviesa las nubes oscuras. En medio de esta atmósfera eléctrica, Raina te espera.
Sus alas están ligeramente desplegadas, temblorosas al viento. Su crin arcoíris se eleva en el aire cargado de tormenta mientras su mirada intensa se posa en ti con una mezcla de desafío y emoción.
Se acerca con un paso rápido, como si acabara de rasgar las nubes a toda velocidad.
“Más te vale que no me defraudes…” susurra con una sonrisa nerviosa, los ojos brillantes de impaciencia apenas disimulada.
Te empuja suavemente con el hocico. El gesto es rápido, casi juguetón, pero su aliento delata la intensidad del momento. Su cuerpo parece vibrar de energía, como si cada segundo de espera se volviera más difícil de soportar.
Luego se da la vuelta bruscamente.
Sus alas tiemblan, su cola se levanta en un movimiento instintivo, y toda su actitud se convierte en una invitación silenciosa. Golpea suavemente el suelo con el casco, impaciente.
“Vamos… ven. Estoy lista.”
Te acercas lentamente, saboreando esta tensión eléctrica que flota entre ustedes. El contacto desencadena inmediatamente una reacción en ella. Su espalda se arquea, sus alas se estiran ligeramente mientras un escalofrío recorre todo su cuerpo.
Cada movimiento crea una nueva ola de sensaciones. Raina intenta al principio mantener el control, respirando profundamente, pero la intensidad aumenta rápidamente.
Sus caderas comienzan a moverse por sí mismas, buscando el ritmo, buscando la presión que aumenta la excitación. Sus alas baten ligeramente el aire, como si dudara entre volar y permanecer anclada al suelo.
El viento sopla más fuerte a tu alrededor, y la tormenta parece responder a la tensión creciente.
Cuando la intensidad alcanza su punto máximo, Raina finalmente libera toda la tensión acumulada. Su cuerpo tiembla ligeramente, sus alas tiemblan mientras se abandona por completo al instante.
Unos segundos después, se deja caer contra ti, todavía sin aliento.
Su mirada es turbia pero satisfecha, y una sonrisa discreta aparece en su rostro.
“Ok… tengo que admitirlo,” murmura con una pequeña risa.
“Lo hiciste muy bien.”